ANMAT autoriza uso de bevacizumab para tratamiento del cáncer de ovario

Cuyo Noticias (Argentina) 12-09-12
La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) aprobó el uso de bevacizumab (Avastin®) como tratamiento de primera línea contra el cáncer de ovario avanzado (que incluye el epitelial, el de trompas de Falopio y el peritoneal primario).
Así, el reconocido antiangiogénico del laboratorio Roche suma una nueva indicación a las que ya tenía en los cánceres de colon, pulmón, mama, renal y glioblastoma.

El cáncer de ovario es uno de los cánceres femeninos más comunes. Se estima que se producen en el mundo cerca de 220 mil casos al año, es el responsable de 140 mil muertes anuales y tiene la tasa de mortalidad más alta entre todos los cánceres ginecológicos en países desarrollados[4].[5] Según estadísticas locales, en la Argentina se estima que hay 9 casos de cáncer de ovario cada 100.000 mujeres (alrededor de 2000 casos por año).
En relación a estas cifras la doctora Liliana Zamora, Médica oncóloga, del Servicio de Ginecología del Hospital Italiano explica: “Históricamente hemos manejado los números de países que cuentan con registros de tumores estrictos. Todavía hay mucho por hacer en nuestro país, pero contamos hoy en día con el Instituto Nacional del Cáncer que en breve podrá cubrir fehacientemente estos datos. Hoy todavía existe sub-registro ya que muchos casos no son reportados. Por lo tanto, la cifra es aproximada”. (Ver Guía de Cáncer de Ovario – Panorama)

La gran mayoría de los tumores de ovario (más del 90%) corresponden al llamado cáncer epitelial de ovario porque tienen su origen en el crecimiento descontrolado de las células epiteliales que forman la superficie de ese órgano. El doctor Luis Fein, Director de Investigaciones Clínicas del Instituto de Oncología de Rosario describe: “El cáncer ovárico ocurre cuando las células en el ovario se vuelven anormales y se dividen sin control u orden. Las células cancerosas pueden invadir y destruir el tejido a su alrededor. También pueden separarse del tumor y extenderse para formar nuevos tumores en otras partes del cuerpo”.

Hasta el momento no había muchas opciones terapéuticas contra este mal y el pronóstico para las pacientes solía ser adverso: con los tratamientos tradicionales –cirugía más quimioterapia– apenas el 20% de las pacientes con cáncer de ovario diagnosticadas en estadios avanzados sobrevive a más de 5 años luego de la detección.
El doctor Antonio González Martín, Jefe Servicio Oncología Médica, del prestigioso Instituto MD Anderson, en Madrid, España repasa: “Desde la introducción de paclitaxel (taxol) hace 15 años, la combinación de paclitaxel y carboplatino se ha considerado el tratamiento estándar de las pacientes con cáncer de ovario. Con este tratamiento se consigue tener controlada la enfermedad avanzada entre un año y año y medio dependiendo de las características de las pacientes. En estos últimos 15 años no se había producido ningún avance en el tratamiento del cáncer de ovario que pudiera ser empleado de manera generalizada a nuestras pacientes con cáncer de ovario. De hecho, alguna modalidad terapéutica como el tratamiento intraperitoneal produce un incremento significativo de los efectos secundarios y no puede ser aplicado a todas las pacientes”.

Alrededor del 70 % de los casos se diagnostica en etapas avanzadas. Esto se debe a que como se trata de una enfermedad que carece de un método de detección específico y eficaz, y que al principio presenta síntomas ambiguos que suelen confundirse con los de patologías menos graves, se la suele diagnosticar cuando el tumor ya se diseminó (hizo metástasis) a otras partes del cuerpo. Es por eso que se menciona al cáncer de ovario como “un asesino silencioso”. “Lamentablemente en la mayoría de los casos se diagnostica tarde y esto se debe a que no ha podido encontrase un método eficaz en el diagnóstico precoz de esta patología. Los estadíos tempranos raramente son descubiertos a tiempo y muchas veces responden a un hallazgo casual”, afirma la doctora Liliana Zamora. Sin embargo, la doctora señala al tacto vaginal como una práctica que debería realizarse en todos los controles ginecológicos “Si bien no hay métodos de detección precoz en cáncer de ovario, el tacto vaginal forma parte de la revisación periódica en toda mujer que realiza su chequeo ginecológico. El tacto vaginal puede detectar una masa pelviana e inducir la sospecha de presencia o no de masas pelvianas anormales”.

Etapa/estadíos
Clasificación
La enfermedad en las primeras etapas (estadio I y II)
Estadío I
Tumor limitado a los ovarios
Estadío II
Tumor que afecta a uno o ambos ovarios y se extiende a los tejidos en la región pélvica
La enfermedad en etapas avanzadas (estadio III y IV)
Estadío III
Tumor que afecta a uno o ambos ovarios y hay evidencia de extensión a la pared abdominal fuera de la región pélvica y/o adenopatías regionales.
Estadío IV
El cáncer se ha diseminado a órganos distantes, como por ejemplo los pulmones o el hígado.

Dado que uno de los principales predictores de éxito en el tratamiento es el diagnóstico temprano de la enfermedad, muchas de las investigaciones en este tipo de cáncer están centradas en los métodos diagnósticos. “Los científicos están estudiando maneras de detectar el cáncer ovárico antes de que los síntomas se desarrollen. Un estudio a gran escala, conocido como el estudio de detección temprana del cáncer de la Próstata, Pulmón, Colorrectal, y Ovárico, o estudio PLCO, busca determinar si ciertas pruebas reducirán el número de muertes por estos cánceres. El estudio PLCO está actualmente evaluando la utilidad de tres métodos para detectar el cáncer ovárico. Uno es un análisis de sangre que mide el nivel de CA–125, una sustancia llamada marcador tumoral, que se encuentra en la sangre a menudo en cantidades superiores a las normales en las mujeres con cáncer ovárico. Este estudio también está evaluando la eficacia de un examen físico de los ovarios y una prueba llamada ultrasonido transvaginal para detectar temprano la enfermedad. El ultrasonido transvaginal, también conocido como TVS (ultrasonido transvaginal), es un procedimiento que se utiliza para examinar la vagina, el útero, las trompas de Falopio y la vejiga. Se inserta un instrumento en la vagina y, las ondas sonoras hacen vibrar los órganos dentro del área pélvica. Estas ondas sonoras producen ecos, los cuales utiliza la computadora para crear un cuadro llamado sonograma” afirma el doctor Fein.

Se trata de un tipo de cáncer de alto impacto en la vida cotidiana de la mujer. Al respecto la doctora Zamora señala “El diagnóstico de cualquier patología que implique tratamientos con cirugías extensas y posteriores tratamientos sistémicos con quimioterapia como lo es el cáncer de ovario, implica un cambio en la vida de la mujer, que debe reacomodar su vida diaria en pos de los tratamientos que debe cumplir. Su trabajo, su estética, su nueva imagen corporal, su sexualidad sufren cambios, algunos transitorios y otros permanentes que inevitablemente cambian el día a día de la mujer”.

Respecto de los síntomas, el cáncer ovárico por lo general no muestra ninguna señal obvia o síntomas hasta que está avanzado su desarrollo. A la hora de identificar señales y/o síntomas el doctor Luis Fein enumera:
· Incomodidad abdominal general o dolor (gases, indigestión, presión, hinchazón, inflamación, calambres).
· Náuseas, diarrea, estreñimiento, o el orinar frecuente.
· Pérdida de apetito.
· Sensación de plenitud aun después de una comida ligera.
· Ganancia o pérdida de peso sin justa causa.
· Sangrado anormal de la vagina.

Y advierte “Estos síntomas pueden ser ocasionados por el cáncer ovárico o por otros trastornos menos serios. Es importante consultar con su médico sobre cualquiera de estos síntomas”.

El tratamiento
En la mayoría de los casos el tratamiento de primera línea (con cirugía y quimioterapia) no impide que la enfermedad reincida. La mayoría de las mujeres con cáncer de ovario avanzado tendrán una recaída después del tratamiento inicial, por lo general dentro de los 15 meses posteriores al primer diagnóstico[8]. “Si bien las recaídas son frecuentes dependen del estadio de la enfermedad, de la velocidad de reproducción del cáncer en cada paciente, y del éxito de la cirugía inicial” afirma Fein. La cirugía se utiliza para eliminar la mayor cantidad de tejido tumoral que sea posible. A este procedimiento se lo denomina cirugía de citorreducción. A la mayoría de las pacientes se le extirpan los dos ovarios (ooforectomía bilateral) y se le hace una histerectomía (extirpación de útero). En las mujeres jóvenes que desean preservar su fertilidad, sólo se le quita el ovario afectado y el útero se deja en su lugar. En las pacientes diagnosticadas con enfermedad temprana (estadío I y II), la cirugía sola suele ser suficiente; pero en la enfermedad avanzada, se recomienda la cirugía citoreductora seguida de quimioterapia. “Se trata de cirugías complejas que no todos los cirujanos están capacitados para llevar adelante, y eso muchas veces impacta en el pronóstico de la enfermedad” agrega Fein. (Ver Guía de Cáncer de Ovario – Tratamientos). Los especialistas remarcan que hay una verdadera necesidad de contar con más y mejores tratamientos para las mujeres con cáncer de ovario.

La aprobación de bevacizumab para tratar el cáncer de ovario avanzado abre una nueva esperanza, después de más de 15 años de limitada innovación y mejora en el tratamiento[9]. Se trata de un anticuerpo monoclonal humanizado, el primero de una nueva generación de drogas denominadas antiangiogénicas, cuya característica central es que evitan que los tumores reciban el aporte de sangre y nutrientes que necesitan para su crecimiento.

A diferencia de la quimioterapia, bevacizumab no destruye las células tumorales sino que actúa bloqueando específicamente la acción de una proteína llamada VEGF (factor de crecimiento del endotelio vascular). Si bien la VEGF posee muchos beneficios para el organismo, es también esencial para que los tumores puedan formar nuevos vasos sanguíneos con el fin de obtener los nutrientes y el oxígeno vital para desarrollarse (a esta propiedad se la llama angiogénesis). Algunos tumores, como los de ovario, tienen mayor expresión de esta proteína[10] que otros y en ellos el bevacizumab tiene una amplia efectividad. “El principal beneficio de bevacizumab es su mecanismo de acción, ya que actúa de forma muy diferente a las quimioterapias conocidas y la evidencia de estudios clínicos ha demostrado que adicionar bevacizumab a la quimioterapia estándar prolonga de manera significativa a sobrevida libre de enfermedad, comparado con la quimioterapia sola” afirma la doctora Zamora.

El doctor González Martin define el mejor esquema de tratamiento: “Las pacientes con cáncer de ovario avanzado deben ser sometidas a una cirugía óptima en la que se elimine toda la enfermedad visible pues esta terapia tiene un alto impacto en su sobrevida. A continuación, el esquema de tratamiento intravenoso que ha demostrado mejores resultados es la combinación de paclitaxel, carboplatino y bevacizumab, especialmente en los casos de enfermedad más avanzada en los que la cirugía no pudo extirpar todo el tumor visible”.

Por tratarse de una terapia “dirigida”, que se adiciona al tratamiento tradicional con carboplatino y paclitaxel, bevacizumab ayuda a controlar el crecimiento y la proliferación del tumor sin agregar efectos adversos relevantes a la quimioterapia. En estadios avanzados del cáncer de ovario, permite que la paciente viva más tiempo con una mejor calidad de vida. González Martin señala: “Los ensayos clínicos de que disponemos han demostrado que añadir Avastin a la quimioterapia estándar de cáncer de ovario con paclitaxel y carboplatino aumenta de forma significativa el tiempo hasta la progresión. Es decir el tiempo que la enfermedad está controlada. Esta observación ha sido más evidente en las pacientes que tienen enfermedad más avanzada”; y agrega: “Cuando Avastin se emplea en pacientes que no han tenido una cirugía óptima, obtiene un incremento de 5 a 6 meses en la sobrevida libre de progresión. Además en este subgrupo de pacientes se ha observado un incremento en sobrevida global de 8 meses”.

Estudios clínicos
Para estudiar la seguridad y la eficacia de bevacizumab en el tratamiento de primera línea en pacientes con cáncer de ovario epitelial se realizaron dos ensayos de fase III, denominados GOG-0218 y BO17707.
GOG-0218: fue un estudio fase III, multicéntrico, aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo y de tres brazos realizado en un total de 1.873 pacientes, que evaluó el efecto de agregar bevacizumab a un régimen de quimioterapia ya aprobado (carboplatino y paclitaxel) manteniendo 15 meses bevacizumab como monoterapia en mujeres con cáncer avanzado no sólo de ovario epitelial sino también de trompa de Falopio y peritoneal primario, que no hubieran recibido tratamiento sistémico previo. Entre otros resultados, el estudio mostró que aquellas pacientes que recibieron la terapia a base de bevacizumab, junto con la quimioterapia, y luego como monoterapia durante 15 meses tuvieron una sobrevida libre de progresión (SLP, períodos libre de enfermedad) de 14,1 meses en comparación con los 10,3 meses sobre aquellas que fueron tratadas sólo con quimioterapia. En aquellas mujeres que luego de recibir bevacizumab en combinación con quimioterapia no continuaron con el medicamento antiangiogénico en monoterapia, no se observó una mejoría clínicamente significativa. El GOG 0218 confirmó la importancia de un tratamiento continuo con bevacizumab para controlar el crecimiento tumoral.

BO17707 (ICON7: fue un estudio fase III, multicéntrico, aleatorizado, controlado, abierto y de dos brazos que evaluó en un total de 1.528 pacientes el efecto de sumar bevacizumab a carboplatino más paclitaxel después de la cirugía, en pacientes con estadio avanzado, incluyendo también estadios más tempranos de alto riesgo de cáncer de ovario epitelial, trompa de Falopio y peritoneal primario. Se excluyeron a aquellas mujeres que habían recibido tratamiento sistémico previo. Entre otros resultados, el ICON7 mostró que las mujeres que recibieron la terapia a base de bevacizumab tuvieron a los 12 meses una mejora del 15.1% en sus chances de vivir más sin que la enfermedad empeore en comparación con aquellas que sólo fueron tratadas con quimioterapia. Además, presentaron una sobrevida libre de progresión de 19,8 meses versus 17,4 meses con quimioterapia sola. De acuerdo a los resultados del ICON7, las mujeres que más se beneficiaron con el tratamiento fueron aquellas cuya enfermedad estaba más avanzada y era más agresiva.

Escuchá este testimonio de una paciente

https://www.youtube.com/watch?v=gX7efRDN4KY&feature=player_embedded

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